diumenge, 27 de març de 2011

Fahrenheit 451

"Vio que la luna se hundía en el firmamento. La luna allí, y su resplandor, ¿producido por qué? Por el sol, claro. ¿Y qué iluminaba al sol? Su propio fuego. Y el sol sigue, día tras día, quemando y quemando. El sol y el tiempo. El sol, el tiempo y las llamas. Llamas. El río le balanceaba suavemente. Llamas. El sol y todos los relojes del mundo. Todo se reunía y se convertía en una misma cosa en su mente. Después de mucho tiempo de flotar en el río, Montag supo por qué nunca más volvería a quemar algo.
El sol ardía a diario. Quemaba el Tiempo. El mundo corría en círculos, girando sobre su eje, y el tiempo se ocupaba en quemar los años y a la gente, sin ninguna ayuda por su parte. De modo que si él quemaba cosas con los bomberos y el sol quemaba el Tiempo, ello significaba que todo había de arder."

Tiene gracia que los incendios forestales me produjesen un pánico irracional de pequeña y sin embargo acabase trabajando una temporada en la D.G. de Prevenció, Extinció d´Incendis i Emergències.

Tiene gracia que ayer por la tarde hubiese miles de personas muy quemadas pidiendo una sociedad libre de corrupción, cuando esta sociedad se parece cada vez más a las que describen estos libros distópicos.

Tarde de domingo rara, de más sol, de cambiar todos los relojes del mundo y de reescuchar vinilos.
Quemaremos el Tiempo mientras los yogures se me derriten.