divendres, 8 de juny de 2012

Hoy serían 82 :(


El yayo Ole se ha ido.

Desconocemos si estará cruzando un nuevo Estrecho,
o buscando un Celta que fumar,
o esperando el correo en las “Cuatro Esquinas”.

Quizá esté cortándole el pelo a alguien,
o plantando cualquier cosa en el campo,
o paseándose la orilla de la Malva-Rosa.

Puede que esté haciendo sopas de letras,
devorando películas de vaqueros
o enseñando a algún niño a hacer silbatos con huesos de albaricoque.

No sabemos si habrá vuelto a casa del alcalde de Cañaveras (de Ca-ña-ve-ras),
o si estará subiendo a la Vírgen del Pinar,
bailando un pasodoble
o celebrando la temporada del Llevant.

También es posible que esté doblando y redoblando alguna servilleta de papel (pizca más o menos),
o sonriéndole a una cámara (ja ja ja ja)
o esté convenciendo a los Reyes Magos para que sean tan generosos como lo fueron aquel año que cerró Marcol (ayer-mañana).

Lo que es seguro es que estará sonriendo,
porque la dulzura se adueñó de él.
Y sacará sus dotes de vigilante para cuidarnos a todos desde allá donde esté.

El yayo Ole recordaba su nombre:
“Me llamo Olegario. Olegario Bachiller Martín”;
Pero hace tiempo que dejó de escuchar a su memoria.
Estamos nosotros para guardar sus recuerdos.

Y tenemos a lo que él más quiso: la yaya Concha.

Y, ¿ahora qué? ¿Nos vamos o nos quedamos?