dimarts, 3 de desembre de 2013

Demolición

"Hell"
Port of Tyne, Newcastle, 30/11/2013

Los últimos tiempos he vivido en una casa tranquila en una zona tranquila cercana al countryside. Esa tranquilidad se interrumpe únicamente por la llegada del camión de la basura (una vez a la semana) o por el jaleo alegre de los niños del cole anexo en sus rato de recreo. 
Es un apartamento en un segundo y último piso de un edificio con estructura de madera. Y ya me acostumbré a que vibre cada vez que algún vecino cierra la puerta del portal.

Pero ayer por la mañana, cuando llegamos a casa tras un fin de semana embarcados por el mar del Norte y con el suelo de Newcastle y Durham aún meciéndose por el síndrome del Desembarco (una, que se habitúa rápidamente a las cosas, para bien y para mal...), las máquinas habían empezado a demoler la fábrica abandonada de al lado. 
Total, que mis últimas dos semanas en esta casa me las voy a pasar en un vaivén de golpes y temblores que van de 7:45 a 16:30. 

Mientras sobreviva y la casa se mantenga en pie, viviré con la ilusión de unas Fallas a velocidad de crucero sobre un mar bravo... Y así evitaré que mi mala leche sea más destructiva que los martillos hidráulicos.

Y no puedo dejar de agradecer que esto mismo no ocurriese hace un año, cuando yo era un búho real.