dimecres, 26 de gener de 2011

Lo que me queda por vivir

"Y ésa era mi precaria situación cuando nos convocó el jefe supremo una mañana. Por sorpresa, como le gustaba hacer. Con esa regla tácita que emanaba de todas las órdenes: los empleados deben regirse por el capricho de sus superiores. La arbitrariedad no estaba mal vista, se cultivaba."

"Con él, sin embargo, te enfrentas a ese muro de amabilidad con el que se protegen algunas personas muy reservadas."

"Entre la vida y la invención de la vida, me tienta más perder el tiempo en la primera...; me resigné, creo que ya para siempre, a escribir mis guiones de encargo, que es lo único que sé hacer, trabajar bajo presión."

"La joven que soy yo no tiene conciencia, como jamás la ha tenido ningún joven, de estar disfrutando del regalo de la juventud. La juventud se vive sin saber qué significa, eso forma parte de su esencia. Y tal es la ignorancia en la que vive la juventud su propia condición que, en ocasiones, como es mi caso, lo que quema la sangre es la impaciencia por un futuro que no acaba de llegar. A mis veintisiete años siento que no puedo esperar más. A los veintisiete años estoy tan derrotada como una vieja prematura."

Y es que, en unas semanas en las que te preguntas si esa tristeza vital que apaga a los de mi edad es cuestión de ser de la generación de Naranjito o de estar llegando a los 30 independientemente de la época, lees esta novela ambientada en los 80 y es más de lo mismo. ¿Tendremos que resignarnos a crecer un poco más para notar que tenemos una vida real que vivir?

"Lo que me queda por vivir" de Elvira Lindo