dissabte, 21 de novembre de 2009

La casa de los tesoros

Esta mañana hemos estado vaciando definitivamente la casa de mi abuela. Me he sentido completamente como una arqueóloga. Entre las decenas de bolsas que hemos llenado para tirar a la basura, he encontrado pequeños tesoros que me he traido a casa: un Alfa Romeo 1600 Scarabeo como éste (pero en mucho mejor estado) con el que me pasaba las tardes jugando, una moneda como ésta de la época del Sexenio Democrático, un manojo de llaves antiguas y preciosas que han perdido su cerradura (allí he dejado también muchas cerraduras que han perdido su llave), el título de Maestro de mi abuelo que en 2011 hará 100 años de su expedición y que sólo de mirarlo parece que se vaya a romper (lo he rescatado con guantes y muchísimo cuidado de un marco carcomido) (mi abuelo nació en 1891, así que ya tenía 20 años en 1911...), dos cajitas metálicas llenas de plumillas (y no hablo de AutoCad...)... debe de haber cientos! Y es que es algo que ya sabía pero que hoy he confirmado: mi abuelo materno no era sólo un maestro, ¡era un artista!
Estando allí me venían un montón de momentos que no había recordado desde hace muchísimos años, de cuando me quedaba allí a dormir, del sonido del reloj de pared ahora en un estado irrecuperable, de cuando mi abuela me preparaba un cucurucho de chocolate en polvo cuando tenía aún la fábrica de chocolate... Y he encontrado un montón de vestigios que demuestran que mi familia formó parte de una sociedad torrentina de la que yo, por suerte o por desgracia, no me he sentido nunca parte.
Y al final he comprobado que el sueño que alguna vez tuve de niña de ser arqueóloga, no está hecho para mi. He tenido que salir de allí al rato. Y he llegado a casa con un episodio de asma alérgico como hacía años que no me sucedía y una colección de vinilos de mi tío que promete mucho.