dimarts, 24 de novembre de 2009

Tolerancia, vuelos etéreos y Chopin

La penúltima sesión de relajación fue muy interesante, aunque quizá fue más "alterante" que relajante. El tema era la tolerancia. Surgió un debate que me hizo poner en práctica esa tolerancia de cara a la opinión de los demás, aunque intentar empatizar con ellos (más bien ellas) no fue nada fácil. ¿Se puede ser tolerante con una intolerante? Complicado, ¿eh?
Para quitarnos esa desazón, cerramos los ojos y fuimos elevándonos... Un vuelo que nos llevó a ver el planeta a nuestros pies, a hacernos conscientes de sus millones de habitantes, con sus millones de vidas, sus millones de ideologías y creencias, sus millones de problemas, sus millones de relaciones; a ver cómo nuestros actos afectan a quienes están a nuestro alrededor, a entender que todos somos iguales... y una vez entendido eso, abrazamos el globo, lo inundamos con nuestro color y fuimos regresando a nuestro entorno, a nuestras personas más queridas y a nosotros mismos, fundiéndonos todos en ese color que transmite paz. Y buen rollo (¡que esto estaba quedando demasiado sectáreo!).
Y sumidas en esa sensación de conexión global, la "señorita de las margaritas mágicas" y yo nos fuimos a escuchar a Marisa Blanes tocar la Sonata en sol menor Op. 22 de Robert Schumann y la 24 Preludis Opus 28 de Frédéric Chopin. Por el camino, comimos croissants de chocolate mientras le cuidábamos el perro a un señor que quería entrar en una farmacia, huimos de mi tío que siempre lo encuentro cuando meriendo por la calle y entablamos conversación con una abuelita que miraba el escaparate de una tienda de animales de la misma forma que los niños miran los escaparates de las pastelerías; pero a pesar de todo, llegamos a tiempo. Y después, una noche de las nuestras de cenita y puesta al día, que llevábamos una semana sin vernos.