diumenge, 8 de març de 2009

Dia de la dona treballadora

Hoy me he levantado relativamente pronto. Pero llevo todo el día con la sensación de jaula invisible que te deja la soledad. Podría haber alargado el momento de levantarme de la cama y así el día hubiese pasado más velozmente.
A través de mi ventana veo el cielo de un azul increíble, todo del mismo tono; perfecto. Y el calor atraviesa el cristal y ya no es necesaria la calefacción. Un día así es el que yo quería para el domingo pasado... Y también veo ese par de latas en calma absoluta, señal de que ese viento que ayer me hacía comer arena también se ha calmado.
A través de esas otras ventanas peligrosas, como la televisión y el ordenador, también veo cosas que me estoy perdiendo al quedarme en casa.
Hay muchas cosas que se me ocurren para hoy. Para esta mañana y para esta tarde. Y para esta tarde-noche. Y es muy triste no tener a nadie con quien disfrutarlas porque toda tu gente tiene otros planes. Y te das cuenta de que cada vez "toda-tu-gente" es menos gente. Lamentablemente no eran cosas que se pudiesen disfrutar en solitario. Así que me quedo en casa mirando por mis ventanas.

Hoy es el "Día de la mujer trabajadora". La única felicitación que me ha llegado ha sido una foto de una mimosa de un conocido de Firenze (allí se regala a las mujeres un ramillete de mimosas). Aunque quizá no me mereciese ni eso: me he pasado el día entre la cama, el sofá y la silla con ruedas rotas delante del ordenador... 

Pero no todo ha sido tan negativo hoy. Mi madre me ha traido un ramillete de violetas y la siesta ha sido mi momento: con la cama desplazada hasta donde entra el sol y Toxicosmos sonando de fondo. Me encanta la sensación de adormilarme con el sol calentándome la piel, La Habitación Roja sonando de fondo y un profundo aroma de violetas.