dilluns, 30 de març de 2009

Una invitación a lo que fue el paraiso

Y es que mi amiga de toda la vida, de siempre, desde que íbamos en carrito... se marchó hace cinco años a vivir un tanto lejos, con mar de por medio, con lo que se hace un poco difícil ir y venir a menudo. Ella viene cada tres o cuatro meses y yo voy verano sí, verano no... Así que este verano me toca hacerle una visita. Y esas visitas son lo más parecido a vacaciones de sol y playa que he tenido desde que era demasiado pequeña para que mis padres me llevasen de viaje a ciudades interesantes. Y me apetece mucho. 
Nos vemos poco, cuando viene esas tres o cuatro veces al año y sólo el rato que dura una comida o un café (siempre vamos con prisas); pero quedar con "la señorita de las gatas ibicencas" me demuestra que hay gente con la que no necesitas tener contacto continuo para saber que sigue ahí y que las cosas siempre tienen un lado positivo... y que, cuando soy yo la que voy a verla y me paso una semana en su casa, podemos estar sin parar de hablar todo el día, no hay silencios incómodos y si hay silencios es porque los hemos buscado para escuchar las olas o mirar el atardecer con música chill-out... Me apetece mucho. 
Quizá ese sea mi primer vuelo después de dar los pasos en firme hacia delante (para conseguirlo tengo que ser capaz de terminar en julio...).