divendres, 10 d’abril de 2009

Un día de Pascua

Ayer quedé a comer con la "señorita de las margaritas mágicas", su novio (al que también tendré que poner nombre), el "señor de la razón perpetua" y la "señora de los jamones perfectos" (que aún no había aparecido porque la veo muy poco, ¡incluso menos que a la "señorita de las gatas ibicencas"!). Pasamos un día completo, soleado y de interior: el típico día de Pascua.
Y nos fuimos a Montserrat: a dar una vuelta por el pueblo, comprar monas, tomarnos unas cañas al sol y comer de torrà pero con mesa y mantel. Y con el estómago demasiado lleno caminamos por el campo, bajamos a un barranco, cogimos espárragos, maldijimos a los cazadores y tomamos el sol. Pero no hubo forma de hacer hueco para merendar esas monas que habíamos comprado. Tuvo que ser ya por la noche, de camino a La Rata a ver el monólogo "La triste vida de un cómico" del humorista David Andrés; cuando las probásemos mientras nos cruzábamos con la procesión que nos recordó que aún era Jueves Santo.