dilluns, 21 de setembre de 2009

Galiza: día 3

DÍA 3: Nos levantamos en Santiago tempranito con un día radiante. El sol entraba por la ventana dando de pleno en la cara del "señor de las ilusiones divertidas" y la "señorita de los canguros imprevisibles" se despertaba con un mensaje en el móvil que anunciaba boda (pero no la suya...).
Nos subimos al coche dispuestos a hacer bastantes kilómetros por carreteras infernales llenas de domingueros (como nosotros, por otra parte...) pero preciosas. Para desesperarnos un poquito más, nos encontramos con un FCAB (club familiar de Amigos de las Bicis o algo así sería...) que no puedo decir cuántos kilómetros de caravana hizo porque no llegaba a ver el final de la cola... Después de sufrir al "Porco porquiño" (canción galega del verano) una y otra vez, llegamos a Fisterra. Aparcamos el coche por la carretera y nos bajamos a ver el cementerio de César Portela. Impresionante. Y vacío, aunque mejor así. Y de ahí trekkineando y comiendo más moras hasta el faro pasando por una roca con una silla de madera pintada de azul y abandonada mirando al mar (¿una instalación surrealista? ¿un pensador olvidadizo? ¿una silla viajera? Nunca sabremos con certeza qué hacía allí). Y qué día más luminoso, nada que ver con los cabos del fin del mundo en los que estuve el verano pasado en Bretaña con cielos grises y vientos agresivos. Tan bonito era el día, que tuvimos que ir a Galiza a ponernos morenos, o granates... que es como se puso la "señorita de los canguros imprevisibles".
De allí volvimos ya por la carretera hasta el coche (comiendo más moras...) y nos bajamos a Praia do Langosteira... ¿el Caribe sin palmeras? ¡Nooo! El Atlántico en Galicia. Y a hincharnos a rojos, berberechos, navajas y... pulpo (9+9+8,5+8,5 = 9,75 - )* en el Calcoba; un restaurante con una terracita entre pinos mirando al mar... quins patidors!!
Volvimos al coche y volvimos a parar para que bajasen a una cala con muy buena pinta pero muuuy abajo, así que yo me quedé en el mirador esperándolos colgada de una roca tomando el sol (mi faceta 0-deportista y mi condición física actual no me aseguraba una compensación del esfuerzo de subir desde la cala con el disfrute que de ella haría; si lo hubiese hecho, hubiese bajado...). Menos mal que no bajé porque incluso a ellos les supuso mucho esfuerzo la subida, yo quizás hubiese necesitado un helicóptero de rescate...
Y de allí, parando para dar una vuelta rápida por Noia, volvimos a Santiago como todos los domingueros... Descansamos un ratito y salimos a sufrir otra vez, quiero decir, a cenar. Como Casa Manolo (que ya lo habíamos localizado en la plaza del concierto de la noche anterior) estaba cerrado, buscamos y encontramos un sitio muy pijo, el café Iacobus y allí nos metimos, además se nos había hecho tarde otra vez... y con mejillones, una ensalada!!!, pimientos de Padrón (sí, nos gustó el riesgo...), no recuerdo qué más, otra botella de Ribeiro, tarta de Santiago, más crema de orujo y ginebra Hendrix,echamos el resto... Y de ahí, vueltecilla y a dormir, que había sido día de caminatas y de ponernos morados y granates...

*Valoración otorgada al pulpo. (Nota de la "señorita de los canguros imprevisibles" + nota del "señor de la buena vida" + nota del "señor de las ilusiones divertidas" + mi nota = nota media - Posición definitiva)