diumenge, 13 de setembre de 2009

Gente peculiar

Últimamente me he tropezado con algunas personas con un comportamiento que me ha llamado la atención y me ha provocado una sonrisa:
Hay un señor que vende lotería por la calle, con una voz que podría ser de tenor, pero que en lugar de gritar los típicos: "¡Loootería! ¡Vendo loooteria!" o "¡Lleeevo la suerteee!"; va anunciando "¿Alguien quiere el divorcio? ¿Queréis divorciaros? ¡Si os toca, podréis hacerlo!"... No sé qué fundamento tiene el asunto, pero no se puede negar que al menos ha innovado en las tradiciones loteras.
Sentada en una terraza, con una cerveza y tabaco de liar; pasó un hombre cargado de trastos entre los que llevaba una jirafa de peluche a tamaño real... Demasiado exótico para un parque urbano.
Otro día estaba yo en la cola interminable de un supermercado, aburridísima de esperar mi turno, agobiadísima de los comentarios de las marujas de mi alrededor sobre la lentitud de la cajera y la prisa que tenían ellas porque tenían que preparar la comida para su marido y blablabla (que se te pegan al cuerpo como si al apelotonarnos más, nos fuesen a atender antes... pero eso es otra historia...). Bueno, pues en esa situación entró un hombre, con buena presencia, trajeado, bronceado (y no, no era Zaplana) y ¿qué iba haciendo? ¡Pues malabares con unas naranjas! Como quien no quiere la cosa, las dejó en un carro del supermercado y entró con una cesta... Imagino que una vez superada la prueba de las naranjas, iba a comprar huevos para evolucionar en su habilidad. ¿O sería una performance millonaria de Orange Market?