dilluns, 28 de setembre de 2009

Galiza: día 4

El cuarto día amaneció con sueño. La que escribe consiguió levantarse un poquito antes para salvar al coche de un paseo en grúa nada apetecible, porque es que resulta que las plazas de aparcamiento en la zona no peatonal del centro de Santiago de Compostela son un poco raras: durante unas horas se puede aparcar sin problemas, otras horas funcionan como zona azul y otras como carga y descarga, así que casi tienes que ir con cronómetro para que no te multen... Una vez aparcado en una zona "segura" (por lo que me dijeron los vecinos, pero no por lo que decían las señales), me fui a desayunar. Y con un poquito de retraso según el horario previsto, cargamos el coche y nos despedimos de Santiago de Compostela.
Hacía un día perfecto, como el anterior: visibilidad absoluta. Nos dirigimos hacia el sur, subimos al mirador de A Curota (y antes al de A Curotiña) desde donde se veían las cuatro Rías Baixas, desde Fisterra a Baiona con la Illa da Toxa y las Islas Cíes... y donde creíamos volar... Pero no es que estuviésemos flipando... porque lo que es flipar, flipamos cuando vimos a dos ciclistas valientes que consiguieron subir esos 514 m. con el vendaval que había por allí. Atravesamos de paso Padrón y Carril (pero sin atrevernos a desayunar ni pimientos ni almejas). La siguiente parada fue Cambados (cuna del narcotráfico gallego... ya llegará el día en que cuente los movimientos extraños que observamos), vimos el Museo del Vino (aaggghhh, escalofríos), dimos una vuelta y nos hicimos conscientes de las variaciones de la marea de la Ría de Arousa (el "señor de las ilusiones divertidas" se concienció llenándose de barro...), buscamos sitios para comprarnos cosas típicas para comer y no encontramos; así que la "señorita de los canguros imprevisibles" se compró un helado. Y ya cuando salíamos de allí, cargamos con dos medias empanadas gallegas rellenas de cebolla y cebolla (realmente era media de cebolla y carne y media de cebolla y bonito)... pero vamos, que la empanada no iba conmigo...
Y ya de allí nos fuimos directos (bueno, antes de que nos cerrasen, es decir, a las 13:57 aprox, paramos en unos ultramarinos a proveernos de fiambre no típico, queso de tetilla, pan, algo de fruta y esas cosas para comer de picnic en la playa) a Praia de Limens en Cangas do Morrazo donde teníamos el camping. Dejamos los trastos y nos fuimos a la pinada de la playa a compartir nuestro almuerzo con las hormigas del lugar. Y a llevarnos la pena de que no quedaban billetes para ir al día siguiente a las Islas Cíes. Así que nos fuimos hacia Hío, pasamos por su crucero y acabamos en la playa de Areabrava, a darnos nuestro primer baño en el Atlántico. Fría y cristalina. Con fondo de pinos y dunas en pendiente ideal para dormir la siesta. Cuando nos cansamos de playa, nos fuimos al Cabo Home a ver atardecer tomándonos una cervecita en un chiringuito montado allá en el mirador. Nos acompañó una avispa con problemas de alcoholismo. Y cuando nos cansamos de ella volvimos al camping a adecentarnos un poco en los 15m2 de caravana y a cenar a Cangas con la vueltecilla de rigor por el pueblo mientras buscábamos sitio para cenar. Acabamos cenando en una "pequeña esculturita": Tía Brígida. Y como de costumbre: navajas, mejillones, pulpo (9+9+8,5+9,5 = 9 - )* y Ribeiro. La noche la pasamos abrigados en la playa de Limens, viendo movimientos navales con luces extrañas y calentándonos con una botella de crema de orujo muy casera que habíamos comprado en una tiendecilla que nos prestó el abrebotellas. Nos supo a muy poco y nos fuimos a encajarnos para dormir.

*Valoración otorgada al pulpo. (Nota de la "señorita de los canguros imprevisibles" + nota del "señor de la buena vida" + nota del "señor de las ilusiones divertidas" + mi nota = nota media -Posición definitiva)